Introducción: El desafío de repensar la masculinidad.
Vivimos en una sociedad que impone a los varones cis un modelo de masculinidad hegemónica. Desde niños, se nos enseña que debemos ser competitivos, fuertes, independientes y, fundamentalmente, que la violencia es un requisito indispensable para detentar el poder y dominar. Esta forma de socialización no es natural ni estática; es una construcción histórica que reproduce relaciones desiguales de poder y privilegios masculinos y que pueden visibilizarse muy rápidamente en los productos culturales que consumimos a diario, como el cine, la tv, las publicidades, pero también en diseños pedagógicos, mandatos familiares, pautas de crianzas, formas y mecanismos institucionales, imaginarios sociales y relaciones de producción entre otros.
La estructura o ideología patriarcal establece una dicotomía que define las diferencias entre hombres y mujeres de manera tal que la supuesta inferioridad de las mujeres aparece como algo biológico, inherente o natural. En este marco, a las mujeres se les asignan roles, conductas y características consideradas de menor prestigio. Mientras que a los hombres se les atribuye fortaleza, agresividad y racionalidad, a las mujeres se les exige lo opuesto: dulzura, emocionalidad, pasividad y dedicación al hogar.
Además, se espera que cumplan de forma plena y abnegada los roles de madre y esposa, centrados en el cuidado y la presencia constante. Así, el espacio público se concibe como propio de los hombres, y el ámbito privado o doméstico como destino de las mujeres. Esta organización social valora ciertas características de lo masculino por encima de lo femenino, generando una distribución desigual del poder que perjudica a las mujeres.
Este taller invita a los varones a un espacio de reflexión crítica para problematizar estas desigualdades, estereotipos o mandatos, como condición necesaria para iniciar el camino de construir otras formas de vida más libres, empáticas, justas y saludables.
¿Por qué trabajar con varones que ejercen violencia?.
Es fundamental despatologizar la violencia: los varones que la ejercen no están necesariamente «enfermos» o «fallados», sino que actúan bajo patrones aprendidos en su socialización primaria y secundaria. Ningún ser humano puede pensarse totalmente por fuera de la cultura y los dispositivos de construcción de subjetividad, del lenguaje ni de las representaciones sociales y los estereotipos que se vehiculizan en las formas de socialización. No obstante, creemos que es necesario abrir espacios de reflexión, construir preguntas y desarrollar una actitud crítica frente a estos modos de construir subjetividad que provocan desigualdades sociales de todo tipo y que atentan principalmente, contra la salud física y psíquica de las mujeres, afectando también, a todas las personas involucradas de forma directa o indirecta.
En este sentido, consideramos a la violencia como una forma de ejercicio del poder que convierte a la otra persona en una posición cercana a un objeto, desubjetivandola y anulando su libertad y el ejercicio pleno de sus derechos.
Problematizando mandatos.
En nuestros encuentros también trabajaremos sobre los llamados mandatos de la masculinidad que operan como motores implícitos de la situación psíquica, y que puede estar en la base de muchos tipos de ejercicio de la violencia:
• El varón como proveedor y protector: La presión por ser el «jefe de familia» o el dueño del derecho al control sobre los más «vulnerables».
• La autosuficiencia: La incapacidad de mostrarse vulnerable o pedir ayuda, lo que genera soledad y angustia.
• La prohibición emocional: El mensaje de que los varones no deben llorar ni ser sensibles, lo que los lleva a resolver cualquier emoción o conflicto mediante la agresión.
Métodos de gestión de conflictos: Del enfrentamiento al diálogo.
El taller integra los métodos de gestión constructiva de conflictos, relacionando la deconstrucción de la masculinidad hegemónica con herramientas de la mediación comunitaria.
Tradicionalmente, a los varones se nos ha enseñado a responder ante amenazas con agresividad, viendo el diálogo como una señal de debilidad. Nuestra propuesta busca:
1. Restaurar la comunicación: Crear espacios seguros donde sea posible una conversación extendida sobre la disputa, reemplazando la coerción por el uso de la palabra.
2. Transformación relacional: Siguiendo el modelo transformativo, el objetivo no es solo llegar a un «acuerdo», sino que los participantes logren el reconocimiento del otro como un ser humano legítimo y recuperen el poder sobre sus propias decisiones de forma no violenta.
3. Desescalada de la violencia: Utilizar técnicas para penetrar las barreras socio-emocionales producidas por los dispositivos patriarcales y heteronormativos, y partir de allí, construir confianza para generar un «marco» que posibilite el proceso de aprendizaje y problematización necesario para desescalar los conflictos en el grupo, al mismo tiempo que se internalizan nuevas herramientas de resolución adecuada de conflictos.
Propuesta Metodológica.
El taller se desarrolla en sesiones grupales y participativas, utilizando herramientas como:
• Psicodrama y teatralizaciones: Para poner en situación cómo los mandatos afectan la salud y los vínculos.
• Análisis de narrativas: Para desestabilizar las historias de dominación y co-construir historias alternativas basadas en la equidad.
• Rondas de reflexión: Para identificar momentos en los que se prefiere callar por miedo al juicio de los pares («complicidad machista») y aprender a expresar sentimientos con libertad.
• Educación no formal: Brindar herramientas teóricas y practicas para pensar la masculinidad de forma mediada y critica (link).
Si sos un varón que ejerce violencia o sentís que tus formas de resolver conflictos están dañando a quienes querés, podés comunicarte con la Línea Hablemos al 221 602-4003 (lunes a viernes de 9 a 17 h), un espacio de primera escucha y derivación (Link: https://www.gba.gob.ar/mujeres/linea-hablemos)