Saltar al contenido

Mediación escolar y comunitaria: El inicio de un nuevo paradigma desde los aportes de la psicología social e institucional. (2025)

Ya es nuestra costumbre poner en palabras la génesis de aquellas sistematizaciones de ideas o propuestas de trabajo, lo que nos permite en el mismo acto de compartir, la posibilidad de resignificar y jerarquizar la propia praxis y las de los demás, en un continuo intercambio de polifonía que va generando trama y un campo de intervención colectiva.

En esa dirección, queremos contarles como fue el inicio de nuestra propuesta particular en el abordaje de los conflictos en el escenario escolar.

Durante el año 2019, mientras trabajaba en la Dir. General de Niñez y Adolescencia de la Municipalidad de La Plata promoví la creación de un equipo que llamamos Equipo de Fortalecimiento y Planificación Estratégica para intentar dar respuesta a la dificultad que algunos Servicios Locales de Promoción y Protección de Derechos de niñez y Adolescencia tenían para planificar su funcionamiento institucional. Al mismo tiempo, junto a los dos abogados que se sumaron luego, nos propusimos el objetivo de fortalecer los nuevos equipos y su grupalidad a partir de distintas estrategias de apoyo en las tareas cotidianas y en los procesos de sistematización de la información.

Durante ese año, y a partir de la solicitud de la directora de ese momento, me convertí en el referente de la dirección para con los distintos equipos de orientación escolar de la comuna a partir de la demanda de algún tipo de intervención urgente o compleja. De las decenas de casos que nos tocó abordar, dos de ellos, uno de un jardín de infantes y el otro desde un colegio secundario, se referían a conflictos entre la institución y un grupo de padres en el primer caso, y entre dos estudiantes en el segundo, llegando a producirse lesiones de gravedad en una de ellas.

A partir del requerimiento de intervención de las instituciones, armamos una planificación de intervención basándonos específicamente en mi concepción particular en psicología social (sintetizada en este link) y en los aportes teóricos de la perspectiva en Psicología Institucional de la Catedra del mismo nombre de la Facultad de Psicología de la UNLP. Paradigmas que me han acompañado desde siempre en la forma en que entiendo las distintas problemáticas, fenómenos y situaciones en el campo comunitario e institucional.

Dentro de esta planificación global, colaboraron desde su especificidad técnica un Abogado Mediador y una Abogada, quienes también formaban parte del equipo anteriormente mencionado.

En dicho encuentro interdisciplinario comenzamos a pensar en conjunto la necesidad de intervenir desde una gestión integral sobre los conflictos en el escenario escolar, entendiendo desde el inicio, que la interdisciplina y el paradigma de la complejidad iban a ser la mejor forma de captar e intervenir sobre la multicausalidad del conflicto en cuestión. En este marco comenzaron debates internos sobre miradas más centradas por un lado en el paradigma de la mediación prejudicial que es el más usual dentro del discurso jurídico en torno a los conflictos, y mi postura, más centrada en una concepción comunitaria y psicosocial.

Al año siguiente, en el 2020, los tres integrantes del equipo de Fortalecimiento comenzamos a trabajar en la que en ese entonces era la Dirección de Mediación Comunitaria, por lo que fue mi oportunidad para formarme como mediador voluntario y adquirir experiencia en dicha tarea. El debate entre ambas perspectivas continua hasta hoy, logrando institucionalizarse desde aquel entonces la del discurso jurídico hegemónico, es decir, el modelo usualmente frecuente en las mediaciones prejudiciales tal como se enseñan en la Facultad de Derecho.

No estamos diciendo que una perspectiva es mejor que otra, sino que considero que esa tensión y debate ha sido necesaria para tender puentes entre ambos enfoques, dando lugar a que en el día de ayer (21/05/2025), pueda participar en la planificación conjunta para intervenir en un conflicto puramente comunitario entre distintas familias de origen Boliviano que realizan sus tareas laborales en el cordón frutihortícola de la ciudad de La Plata. Justamente, por la complejidad y la multicausalidad evidente en dicha situación, es que pude aportar y destacar la concepción teórica que vengo mencionando debido a su potencia de intervención, tal como he venido comprobando en los últimos 15 años desde distintas funciones y tareas en el campo comunitario.

A continuación, intentaremos resumir en una serie de puntos mi perspectiva en cuestión, a fines de colaborar y aportar a la construcción colectiva del saber en torno a la gestión de conflictos comunitarios (ver el trabajo completo que ilustra el enfoque psicosocial).

El enfoque tiene tres dimensiones ordenadoras generales que se complementan con otras tres dimensiones de la subjetividad (que presentaremos en otro escrito):

1.       – La dimensión transubjetiva: Se refiere al plano de la ideología, la cultura, las costumbres, el imaginario social (Castoriadis), el lenguaje.

2.      –  La dimensión intersubjetiva: Nos referimos aquí al plano vincular, la dimensión grupal, las relaciones entre las personas, la comunidad, las relaciones de poder y sus dispositivos (Foucault), etc.

3.       – Dimensión intra subjetiva:  El pensamiento, las emociones, la historia y las ideas individuales de cada quien. El deseo, las necesidades y las posiciones subjetivas (Lacan).

La concepción del conflicto comunitario que propongo:

1.       El conflicto es ahora entendido desde un enfoque multi causal entre las dimensiones anteriormente mencionadas y ya no desde un enfoque reduccionista que solo contempla la relación entre dos personas.

2.       La forma integral de entender el conflicto reproduce en si misma todas las dimensiones en juego que intervienen en la determinación de una situación intersubjetiva tal como hemos recortado en torno al concepto de fenómeno psicosocial,  sumamos potencia y eficacia en las intervenciones.

3.       Desconocer la dimensión transubjetiva e intra subjetiva como suele ocurrir desde el enfoque disciplinar del Derecho, no permite captar los determinantes contextuales que influyen en la conformación del conflicto en su génesis, es decir, en su carácter de causa (en general se los interpreta como fenómenos del contexto que simplemente influyen pero no determinan el conflicto intersubjetivo).

4.       Es necesario pensar una coherencia entre el método, la concepción epistémica y la técnica a utilizar, tal como proponemos en el concepto de praxis en psicología social. Solo de esa forma podremos pensar intervenciones que no se construyan en torno a nuestra visión hegemónica del conflicto, sino en la forma concreta en que la situación se arma en el plano de la realidad. Dicho con otras palabras, no hay que acomodar el fenómeno a la teoría, sino usar la teoría como una “caja de herramientas” (Foucault).

5.       Desde una perspectiva decolonial, la intervención no puede ni debe ser “educativa y normativizante”, sino que es importante rescatar el concepto de “relativismo cultural” de la Antropología para ser respetuosos y cuidadosos con las especificidades culturales de las personas, al mismo tiempo que reflexionamos como esos elementos transubjetivos co-determinan el conflicto en cuestión.

Sobre el método:

La teoría del conflicto y sus métodos desde la perspectiva del derecho, en general (con todo el problema que implica generalizar), se basa en concepciones sociológicas, psicológicas, linguisticas y antropológicas que en su mayor medida provienen de disciplinas positivistas.

Una propuesta colectiva para re-pensar la gestión de conflictos :

Si bien ya estoy trabajando en una propuesta teórica particular que aporte a la Teoría del Conflicto desde una posición no reduccionista, latinoamericanista y transdisciplinaria, las y los invito a construir juntos al menos en el pensar, una perspectiva sin “dueños” y que contemple los siguientes tópicos:

1.       El paradigma de la complejidad y la multicausalidad.

2.       Las tres dimensiones, trans, inter e intra subjetivas.

3.       La perspectiva de género y su diversidad.

4.       El enfoque decolonial.

5.       La rigurosidad teórica: coherencia entre episteme, método y técnica.

6.       La coherencia entre diagnostico e intervención.

7.       El enfoque transdisciplinario como superador del interdisciplinario.

8.       Los aportes de la psicología social, el psicoanálisis y la psicología institucional.

9.       El dialogo entre el saber jurídico y el de otras disciplinas de referencia en Latinoamérica.

10.    La construcción de un saber que se reinvente y que no conforme una doctrina estanca.

11.    La gestión del conflicto como política pública necesaria en todos los ámbitos de la vida social, a partir desde un enfoque de prevención en salud mental.

12.    Poder. Debemos identificar y reconocer condiciones de desigualdad social, situaciones de vulnerabilidad psicosocial, mecanismos de control, dispositivos de disciplinamiento, la dimensión biopolítica, las resistencias, y las barreras de acceso a justicia y su influencia en la producción de conflictos y sus consecuentes formas de gestión.

13. La ética profesional. Reconociendo el sufrimiento de las personas, sus necesidades y sus proyectos de vida desde una perspectiva de derechos humanos.

Espero haber contribuido al menos en la formulación de ciertas preguntas que permitan y abran el debate en torno a la gestión de los conflictos en el ámbito institucional y comunitario. Nuestra intención es fomentar el pensamiento crítico y la construcción de una perspectiva que tenga mucho y todo que ver con la forma particular de la recepción de las teorías en Argentina y su especificidad identitaria, regional, cultural y política.

Seguiremos escribiendo y aportando a la construcción de un saber comunitario.

(trabajo completo del enfoque psicosocial)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *