La presente es una investigación de articulación teórico-practica que se encuentra en curso.
2. Resumen.
La presente propuesta de investigación surge a partir de algunos interrogantes planteados a partir de mi actividad laboral como mediador comunitario y responsable de la admisión de casos en la Dir. General de Gestión y Prevención de conflictos de la Secretaría de Justicia de la Municipalidad de La Plata (Ex. Dirección de Mediación Comunitaria).
En este marco de escucha, tanto en las admisiones como en las audiencias de mediación desde el año 2020 hasta la actualidad, las y los vecinos relatan la forma en que se ven afectados/as en su cotidianeidad a partir de los conflictos que mantienen con otras personas o instituciones. En estos relatos, también suelen incluirse como consecuencias de la situación conflictiva, lo que ellos/as mismos/as nombran como estrés, ansiedad, angustia, susceptibilidades a enojarse fácilmente por diferentes situaciones, o incluso cierta tendencia a conductas violentas. Cabe destacar que estas personas recurren a nuestra Dirección una vez que han agotado otras formas de intervenciones posibles, ya sean autogestionadas en intentos de comunicación con sus pares vecinos o a través de diferentes reclamos en otras dependencias del estado. A partir de estos conflictos también nos relatan que presentan dificultades para dormir, distintos tipos de malestar entre los vínculos de las personas convivientes, o incluso distintos obstáculos para realizar tareas laborales o de estudio. En general, el sostenimiento en el tiempo del problema a solucionar, acarrea un elevado “costo psíquico” que no solo tiene lugar a partir del conflicto en sí mismo, sino también, a partir de los distintos trámites realizados para intentar solucionarlo.
Justamente, a partir de estas percepciones con criterio de salud mental comunitaria, es que surge la intención y la necesidad de investigar la relación entre conflictos comunitarios y salud mental.
Definimos entonces nuestro problema a investigar en torno a la siguiente pregunta: ¿De qué manera las herramientas de la mediación comunitaria podrían ayudar a prevenir efectos negativos en la salud mental?
Para explorar dicha relación, utilizaremos una metodología de diseño de campo, exploratorio, de caso único, contemplando una intervención real sobre un conflicto entre 3 familias de origen boliviano que viven y desempeñan sus actividades productivas en el cordón frutihortícola de la ciudad de La Plata. Dicha intervención, tuvo lugar en el año 2025 y duro aproximadamente 4 meses. El método de recolección de datos se realizará a partir de la sistematización y categorización de los registros de las intervenciones realizadas en ese entonces.
Para delimitar conceptualmente la unidad de análisis, nos posicionaremos desde el punto de vista de la ley nacional de salud mental (2010) y sus criterios de salud mental comunitaria, y se utilizarán los conceptos trabajados en las asignaturas de Psicología Social, Psicología Institucional, Psicología Preventiva, Psicoterapia 2, Psicología Forense y Psicología clínica de Adultos y Gerontes, de la carrera de Lic. en Psicología de la UNLP. Para abordar la dimensión especifica de los conflictos comunitarios, utilizaremos las categorías más usuales del campo de la mediación comunitaria en Argentina, pero principalmente, aquellas sistematizadas en la obra del mediador, doctor y abogado Alejandro Nató.
Desde el punto de vista del marco ético y político, nos situaremos dentro de la doctrina general de derechos humanos y el paradigma general de acceso a justicia.
Nuestra investigación se sitúa como relevante en el Área de Formación Profesional, Intervenciones en Psicología, de la Resolución Ministerial N° 343/2009 sobre el Título de Psicólogo y Licenciado en Psicología de la República Argentina, debido a que pensamos la mediación comunitaria como un posible campo de intervención de las y los licenciados en Psicología con perspectiva de salud mental comunitaria.
3. Fundamentación del Problema.
a. Justificación del tema/problema
La mediación comunitaria conforma un campo de intervención, es decir, una praxis que realizan las personas formadas en técnicas de mediación y gestión de conflictos. No obstante, es una deuda ya conocida en nuestro nicho de mediadores, la falta de sistematización de conocimientos de forma coherente entre su métodos y técnicas, para que la mediación comunitaria pueda ser considerada una disciplina. Se está avanzando al respecto desde diferentes marcos teóricos y disciplinas ya constituidas, pero aún resta un largo camino a transitar.
Dentro de este proceso de construcción, consideramos que las y los psicólogos tenemos mucho para aportar, como así también, la posibilidad de delimitar un nuevo campo de intervención dentro de la gestión de conflictos, a partir de nuestras competencias profesionales desde los distintos enfoques de la psicología preventiva, psicología social, institucional y forense. Trataremos entonces, a partir de nuestro trabajo, contribuir a este proceso de conformación disciplinar al mismo tiempo que trataremos de fundamentar la importancia de la intervención del psicólogo en estas situaciones conflictivas.
b. Estado del arte
El campo de estudio sobre la conflictividad urbana y la de salud mental ha sido abordado desde diversas disciplinas de forma independiente, pero no hemos encontrado ningún antecedente de investigación o aproximación sistemática y específica que relacione las categorías de la llamada “Mediación Comunitaria” con las categorías provenientes del campo del padecimiento psíquico, como la psicología y el psicoanálisis.
A partir de la sistematización de un cuestionario exploratorio que fue aplicado a 36 personas desde principios del mes de marzo de 2026 hasta el día de la fecha, hemos obtenido algunos datos que podrían pensarse como antecedentes del presente trabajo, ya que consideramos que pueden ayudar a justificar la relevancia de una investigación que explore la relación entre conflicto comunitario y salud mental. El objetivo de este último cuestionario es el de realizar una primera aproximación a las opiniones y representaciones sociales (sentido común) de las personas, sobre si existe relación o no entre los conflictos comunitarios y distintas formas de padecimiento mental. Los resultados arrojan como principal efecto en la salud mental al “estrés”, conformando la elección de esta categoría, el 83%; en segundo lugar, las manifestaciones de “angustia” con el 80%; y recién en tercer lugar, manifestaciones de “ansiedad” con el 58%. El resto de las opciones se sitúan por debajo del 38%. Se realizaron preguntas de respuestas múltiples y con categorías conocidas o instaladas en el sentido común y que aparecen de forma recurrente en los relatos de las y los vecinos que acuden a la Dirección de Gestión de Conflictos.
Con respecto a la indagación de las causas de los conflictos comunitarios, la mayoría eligió la categoría de “inflexibilidad en la posición de una de las personas” conformando el 55% con respecto al total de las opciones; en segundo lugar, se sitúa el “estrés producto de la situación socio-económica” con el 52%; y en tercer lugar con el 47 %, las “dificultades en la comunicación”.
Este primer estudio sencillo y de primera aproximación con respecto a las representaciones sociales que prevalecen, los resultados se correlacionan con la información que veníamos relevando de forma informal en la escucha de las y los vecinos, ya sea tanto en el dispositivo de admisión, como en las audiencias de mediación.
Si bien el concepto de estrés es una categoría meramente descriptiva, nos permitirá agrupar en ella una serie de fenómenos de la subjetividad que pueden ser explicados desde la teoría psicoanalítica a partir del desarrollo teórico de varios autores. En relación a ello, no se nos escapa la relación de “causalidad circular” que se manifiesta en la correlación de la prevalencia del estrés tanto en las causas como en el efecto de los conflictos comunitarios. Como hipótesis, creemos que podremos complejizar dicha circularidad en el proceso mismo de investigación al relacionar las categorías conceptuales que permitirán explicar la relación que pretendemos investigar.
c. Marco teórico.
Este marco conceptual propone una lectura desde el paradigma de la complejidad (Morin, 2007) para comprender la multicausalidad entre el conflicto comunitario y la salud mental. En la misma línea, pensaremos dicha multicausalidad desde el marco epistémico y metodológico de la Catedra de Psicología Social de la carrera Lic. en Psicología de la UNLP (Palacios, 2010), por lo que el método de ascenso de lo abstracto a lo concreto y la metodología de investigación que propone Samaja, serán nuestras brújulas para desandar la génesis de nuestra unidad de análisis y poder así comprenderla en sus determinaciones.
Alejandro Nató (2006) define el conflicto “en general” como una especie de relación social en la que los objetivos de sus miembros son incompatibles entre sí, o son percibidos como incompatibles por algunos o todos ellos. En este sentido, destaca que los conflictos no nacen de una «verdad» externa al sujeto, sino del marco de las representaciones de los sujetos involucrados. Para esta definición, el autor parafrasea la definición original de Remo Entelman en su trabajo “Teoría de conflictos: Hacia un nuevo paradigma” (2002), ya que se ha convertido a lo largo del tiempo, en la más utilizada en diferentes ámbitos de la mediación (En www.poiesislp.com hemos publicado una extensa critica a mencionado libro).
Específicamente, para Nató y sus colaboradores, los conflictos comunitarios presentan las siguientes características distintivas:
- Vínculo e interdependencia: Se caracterizan por la cualidad e intensidad de los vínculos interpersonales en un marco de relaciones marcadas por la interdependencia recíproca de quienes participan en ellas.
- Permanencia de la relación: A diferencia de otros conflictos urbanos, en los comunitarios la permanencia del vínculo entre las partes es un factor preponderante.
- Contexto de asociación: El ámbito comunitario supone un tipo de asociación entre individuos (espontánea o voluntaria) donde razones territoriales, culturales o sociales establecen dicha dependencia. Esto incluye relaciones de vecindad, familiares, urbanas o diferentes tipos de participación dentro de instituciones y organizaciones civiles.
- Multicausalidad y multidimensionalidad: El conflicto comunitario es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores que establecen interrelaciones dinámicas. El autor clasifica estos factores en tres grupos: Personales, es decir, por ej. cuestiones ideológicas, autopercepción, emocionalidad y habilidades sociales; situacionales, como la condición socioeconómica, situación laboral, género, edad y poder; y culturales como las creencias, valores, identidades y pautas de interacción social.
Nató también sostiene que el conflicto en estos escenarios no debe verse como algo necesariamente negativo, sino como un fenómeno neutro cuya gestión adecuada brinda una oportunidad de aprendizaje y transformación social.
De esta manera, la mediación comunitaria se propone como el recurso técnico para que los integrantes de la sociedad tramiten estas diferencias y participen de forma activa en la construcción del colectivo que integran, ya sea en el marco de la implementación de políticas públicas por parte de los gobiernos, o a partir de estrategias y acciones autogestionadas por la comunidad.
Según la Ley Nacional de Salud Mental n° 26.657 (2010), la salud mental es un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos y culturales. Su preservación implica una dinámica de construcción social que debe orientarse al reforzamiento de los lazos sociales. Desde esta óptica, la salud mental no es solo un estado interno, sino la capacidad del sujeto de vincularse con la alteridad en el contexto donde desarrolla su vida, ya que siempre implica, de una u otra forma, la dimensión comunitaria.
Por su parte, el psicoanálisis aporta la noción de un sujeto dividido por el lenguaje y sus deseos inconscientes. Freud en “El malestar en la cultura” (1930) describe el «narcisismo de las pequeñas diferencias» como la hostilidad dirigida hacia lo que es ligeramente distinto al yo, lo cual puede constituir la base de algunos conflictos comunitarios. Freud observó que las mayores rivalidades no siempre se dan entre opuestos, sino entre individuos o colectivos que comparten casi todo: origen, cultura, lengua, valores o historia, es decir, comunidad. Precisamente por esa similitud, las pequeñas diferencias se vuelven exageradamente importantes y cargadas de afecto negativo. El mecanismo central que interviene es esencialmente narcisista, es decir, ligado a la autoestima y a la identidad del yo. El sujeto vive como una amenaza a su propia identidad cuando alguien es muy parecido al “sí mismo”, por lo que puede producirse, un cuestionamiento de la propia singularidad o poner en riesgo el sentimiento de ser “especial” a partir del reconocimiento de los otros significativos. La pequeña diferencia (una creencia, una costumbre, una opinión) se vive entonces como amenaza y no como un detalle dentro de un proceso identificatorio.
También puede ocurrir que la agresividad sea proyectada y canalizada hacia otros mediante el mecanismo de defensa llamado “proyección”. De esta forma, los reproches que originariamente se dirigían hacia la propia persona, son ahora, proyectados hacia el exterior en el marco de las relaciones de objeto.
Por otro lado, Freud establece una función cohesiva de la agresividad (Freud, 1930), a partir de la cual esta hostilidad puede reforzar la cohesión interna del grupo y definir quiénes somos “nosotros” en contrapartida al
“ellos”. Este punto de vista ha sido desarrollado de forma exhaustiva por la antropología social con el concepto de “otredad”, explorando de que forma la construcción de un “otro” distinto, en el marco de la cultura, influye y afecta los vínculos entre personas en las diferentes sociedades.
Jacques Lacan (Lacan, 1948), por su parte, define la agresividad como una tensión existencial y estructural constitutiva del sujeto humano, profundamente ligada a la formación del yo en el estadio del espejo.
La agresividad, entonces, se encuentra asociada a la identificación narcisista ya que, entre los seis y dieciocho meses, el niño, que aún padece una descoordinación motriz por su prematuración biológica, reconoce su imagen en el espejo como una Gestalt o unidad. Esta imagen es una unidad ideal que el sujeto asume gratificantemente pero que al mismo tiempo lo aliena, ya que es una forma exterior y simétricamente invertida. Debido a esta identificación, el sujeto solo puede percibir su deseo a través del deseo del Otro, lo que convierte al semejante de la imagen, en un rival. De esta relación surge una competencia primordial: el sujeto se identifica con la imagen del otro semejante para obtener su propia unidad, lo que genera una tensión de «tú o yo» en una guerra por el reconocimiento.
Para Lacan, la función del Otro (con mayúscula) en la agresividad, es la de actuar como el tercer término mediador que permite al sujeto salir del callejón sin salida de la rivalidad especular y narcisista.
El Otro (A) representa el orden simbólico, el lugar del lenguaje y de la ley que rompe esta captura imaginaria. Es a través de la mediación del Otro que el deseo se humaniza, puesto que el sujeto busca ser reconocido por un Otro de la palabra, en lugar de simplemente aniquilar al semejante (otro, con minúscula).
Por otro lado, los fenómenos segregativos descritos por Lacan se vinculan estrechamente con la conflictividad comunitaria al operar bajo una lógica de «nosotros versus ellos», la cual actúa como una «cicatriz» ante la declinación de la función paterna y el empuje universalizador del mercado en el contexto de la lógica neoliberal del capitalismo actual.
En el escenario social urbano, estos procesos se manifiestan cuando los ciudadanos ya no se agrupan en torno a ideales comunes, sino mediante la identificación a modos de goce uniformados que son impuestos a través de distintos dispositivos normativizadores, como por ejemplo los medios masivos de comunicación o el funcionamiento de los algoritmos que construyen realidades digitales homogéneas. De esta forma las y los sujetos rechazan lo diferente, transformando al vecino en un extranjero hostil.
Con el aporte del psicoanálisis, entonces, podemos afirmar que los conflictos no solo pueden surgir de la diferencia entre los sujetos a partir de la incompatibilidad de intereses como vimos en la definición desde la mediación comunitaria (Nato, 2026), sino también, del intento de proteger la propia subjetividad, ya sea desde el lado del yo refiriéndose a la propia identidad, como así también, a partir de la puesta en marcha de mecanismos defensivos frente a exigencias pulsionales de las cuales el sujeto intenta defenderse mediante el mecanismo proyectivo.
El conflicto es para el psicoanálisis, entonces, inherente a la cultura (Freud, 1930).
Desde el psicoanálisis lacaniano, la función de la palabra (Lacan, 1953), posibilita un vínculo que permite la superación de la rivalidad especular (Lacan, 1948) y habilita el reconocimiento de un otro legítimo, es decir, atravesado por la dimensión tercera de la Ley (desde el lugar del Otro), permitiendo la regulación del vínculo social.
El mediador comunitario, entonces, podría encarnar esta función de terceridad, es decir, una posición en el lugar del Otro, representando las reglas de la cultura y la civilización y limitando la confrontación directa, diferenciándose del analista en su abstinencia a interpretar. La mediación también busca habilitar un espacio donde los ciudadanos se vuelvan protagonistas de su propia historia, evitando la alienación subjetiva frente al deseo del Otro (Lacan, 1964).
Cuando los vecinos se atrincheran en sus «posiciones» o demandas rígidas (Fisher, R., Ury, W. L., & Patton, B., 2011), quedan capturados en un «relato único» que alimenta la agresividad. La mediación comunitaria orientada desde la salud mental comunitaria, podría intervenir aquí al introducir un dispositivo que, mediante la escucha, permita transformar ese «discurso sin voz» de la violencia, en una narrativa de «intereses» y deseos que al volverse comunicables permitan su gestión y la posibilidad de establecer acuerdos y consensos. Este proceso es terapéutico en un sentido social: al «desestabilizar» las historias de confrontación, el sujeto recupera su autonomía y su capacidad de elección con respecto a los discursos provenientes del Otro. Así, la convivencia ciudadana se construye no por la ausencia de conflicto, sino por la capacidad de tramitarlo sin recurrir a la fuerza, fortaleciendo el tejido social y la dignidad de las personas conforme a los derechos humanos y el acceso a justicia.
Desde la perspectiva de la psicología social, el conflicto comunitario se constituye como un problema psicosocial complejo que no puede reducirse a una única explicación lineal, sino que debe abordarse necesariamente, desde la multicausalidad. Esta mirada reconoce que en la génesis de las disputas intervienen tanto causas estructurales —arraigadas en la configuración misma de la sociedad, sus desigualdades y representaciones sociales— como causas próximas o coyunturales que actúan como detonantes de la tensión en la convivencia urbana. En este entramado, cobra especial relevancia la construcción de un «espacio entre» (o espacio intermediario), definido como ese lugar público y de apertura donde los ciudadanos pueden cooperar para crear, día tras día, un colectivo basado en la dignidad y el respeto mutuo. Es precisamente en este escenario intersubjetivo donde la palabra actúa en el contexto de una mediación, permitiendo que el sujeto dé forma a sus emociones y transforme su narrativa, superando el narcisismo inherente a la propia posición, permitiendo reconocer al otro como legítimo y semejante en el acceso a derechos y oportunidades. Así, la salud mental comunitaria se fortalece al habilitar este espacio de terceridad que restaura los lazos sociales y permite tramitar la conflictividad sin recurrir a la violencia en todas sus formas de expresión.
Bajo el modelo capitalista, las relaciones económicas tienden a la fetichización, no solo de las mercancías, sino también de distintas producciones simbólicas y culturales, ocultando las relaciones entre personas tras el intercambio de “cosas” y permitiendo que el mercado dicte una homogeneización de los modos de goce que aliena la singularidad del sujeto.
Esta dinámica socioeconómica posibilita los conflictos comunitarios cuando la profunda desigualdad y la «exclusión/expulsión» social impiden el acceso a bienes materiales y simbólicos que el individuo percibe como esenciales para su dignidad, convirtiendo a menudo la «envidia de las mercancías» en un motor de lucha en las periferias urbanas fragmentadas.
De esta manera, el conflicto emerge como un síntoma psicosocial de la contradicción interna del sistema —derechos universales frente a condiciones particulares de precariedad—, donde el debilitamiento del trabajo como eje integrador erosiona los lazos sociales y obliga a los sujetos a construir identidades basadas en el desamparo o la dependencia asistencial, afectando directamente el bienestar y la salud mental colectiva.
En este sentido, podemos pensar al conflicto comunitario, también, como un síntoma psicosocial producto de las relaciones de producción y de la ideología neoliberal, dentro de un modo de producción capitalista. Síntoma estructural que deviene problema comunitario, cuando afecta los vínculos y las relaciones de convivencia entre vecinos. No se nos escapa este tipo de determinaciones psicosociales que anudan la experiencia subjetiva individual con el contexto y los determinantes sociales, por lo que trataremos de ordenar la presente investigación-acción desde el concepto de matriz de datos que propone Samaja en “Metodología de la investigación” (Samaja, 2004).
Desde la perspectiva foucaultiana (Foucault, 1976), el poder es inherente a toda relación social y se manifiesta en una dinámica de fuerzas en constante tensión. En el ámbito comunitario, los conflictos no son solo meras disputas por recursos (Entelman, 2002), sino expresiones de estas relaciones de poder que configuran la subjetividad de los vecinos. Foucault sostiene que la subjetividad es producto de una matriz relacional que incluye relaciones de significación, de producción y, fundamentalmente, de poder. Por lo tanto, un conflicto vecinal es un escenario donde se ponen en juego dispositivos de saber-poder que definen quién tiene derecho a la palabra y quién es silenciado.
Por otro lado, específicamente desde un recorte etnográfico, no podemos dejar de mencionar que la relación entre, la forma en que los pueblos originarios del sur andino resuelven sus conflictos, y la perspectiva decolonial, reside en el reconocimiento y valoración de saberes ancestrales que desafían los relatos hegemónicos occidentales sobre la justicia y el bienestar (Noble, I., y Rivadeo, M., 2025).
Desde la cosmovisión andina, compartida por los pueblos originarios de la región, el conflicto no se vive como un simple desacuerdo individual o un expediente, sino como una interrupción del equilibrio comunitario. Esta visión se enmarca en la filosofía del Sumak Kawsay (Buen Vivir), que busca la armonía entre las personas, la comunidad y la Pachamama.
Mientras que la justicia occidental tiende a separar lo jurídico de lo espiritual, los pueblos andinos integran ambas dimensiones, entendiendo que el daño afecta tanto el tejido social como el territorial y espiritual. Es decir, la perspectiva decolonial invita a mirar el sur no como una periferia que recibe teorías, sino como una fuente de conocimiento.
4.Interrogantes e hipótesis:
Interrogante general:
¿De qué manera las herramientas de la mediación comunitaria podrían prevenir efectos negativos en la salud mental de tres familias que integraron un conflicto comunitario en el cordón frutihortícola de la ciudad de La Plata durante el año 2025?
Interrogantes específicos:
- ¿Cuáles son las causas particulares que intervinieron en la conformación del conflicto entre las familias?
- ¿El conflicto afectó la salud mental de algún integrante de las familias?
- ¿Cuáles estrategias concretas de intervención se implementaron o podrían ser implementadas por un profesional de la psicología con formación en mediación comunitaria?
5. Objetivos:
Objetivo general:
Indagar sobre como las herramientas de mediación comunitaria pueden prevenir consecuencias en la salud mental de las personas, a partir de las intervenciones realizadas desde un centro de mediación de la municipalidad de La Plata.
Objetivos específicos:
- Indagar que tipos de causas intervinieron en la conformación del conflicto entre las familias.
- Explorar si el conflicto afectó la salud mental de algún integrante.
- Pensar posibles estrategias de intervención que un profesional de la psicología, con formación en mediación comunitaria, podría implementar en la situación conflictiva.
6.Metodología:
Se propone un diseño de campo, el cual se fundamenta en la necesidad de trabajar con fuentes primarias para relevar información directamente de las/los sujetos involucrados en la situación real.
Esta propuesta se inscribe en un enfoque cualitativo, cuya elección es coherente con el marco teórico psico-socio-comunitario, ya que permite la reconstrucción de las significaciones y las prácticas de los actores, priorizando la perspectiva de los sujetos frente a su situación conflictiva.
El tipo de diseño es exploratorio, flexible y de caso único, centrándose en una intervención específica sobre un conflicto entre tres familias del cordón frutihortícola de La Plata durante el año 2025, lo que nos permite indagar sobre como intervendría un psicólogo en una situación real de conflicto comunitario.
Finalmente, como técnica de recolección de datos, se utilizará la sistematización y categorización de registros de la intervención realizada y la implementación de entrevistas a representantes de las familias.
El uso de estas herramientas garantiza el acceso al «discurso del sujeto» y a la «escena» del conflicto, permitiendo transformar los fenómenos observados en datos científicos para analizar la incidencia de la conflictividad en la salud mental.
7. Referencias Bibliográficas:
- Entelman, R. F. (2002). Teoría de conflictos: Hacia un nuevo paradigma. Barcelona: Gedisa.
- Fisher, R., Ury, W. L., & Patton, B. (2011). Getting to yes: Negotiating agreement without giving in (3rd ed.). Penguin Books.
- Foucault, M. (1976). Las palabras y las cosas. Siglo XXI.
- Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. Amorrortu Editores.
- Lacan, J. (2006). El seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964). Buenos Aires: Paidós.
- Lacan, J. (2008). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1 (pp. 237–276). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1953).
- Lacan, J. (2009). La agresividad en psicoanálisis. En Escritos (Vol. 1, pp. 94–116). Buenos Aires: Siglo XXI (Trabajo original publicado en 1948).
- Ley Nacional de Salud Mental n° 26.657. (2010). Argentina.
- Morin, E. (2007). Introducción al pensamiento complejo (M. Pakman, Trad.). Gedisa. (Trabajo original publicado en 1990).
- Nató, A. M., Rodríguez Querejazu, M. G. y Carbajal, L. M. (2006). Mediación comunitaria: Conflictos en el escenario social urbano. Universidad.
- Noble, I., y Rivadeo, M. (2025). Raíces, Cruces y Puentes. Métodos Ancestrales de Resolución de Conflictos en la Comunidad Indígena de Amaicha del Valle. Crivelli Editores
- ONU-HABITAT & Universidad, Alberto Hurtado. (2014). Guía de mediación comunitaria.
- Palacios, A. L (2025). Problemas teóricos y metodológicos de la gestión de los conflictos en el ámbito comunitario (Primera parte). Publicado en www.poiesislp.com.
- Palacios, A. L. (2010). Problematizando la investigación en psicología desde la psicología social, el psicoanálisis y el psicodrama. En II Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVII Jornadas de Investigación y Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.
- Samaja, J. (2004). Metodología de la investigación: Lógica, epistemología y metodología. Eudeba.
- Tausk, J. (s.f.). La tenacidad del odio y la fiesta de la vida: Negociación y psicoanálisis para una convivencia posible. Colección Inspire-idea