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LACAN (1971). «La dirección de la cura y los principios de su poder». La interpretación, la transferencia y la posición del analista (2025)

En la misma línea sobre pedagogía y psicoanálisis del trabajo anterior, hoy trataremos de despejar algunas cuestiones sobre el lugar de la interpretación analítica y la posición del analista en el texto «La dirección de la cura».

La metáfora del Bridge.

Es usual escuchar decir que «Lacan dice que la posición del analista es la del muerto» o que «debe actuar como si fuera un muerto», pero, ¿realmente es lo que dice o es lo que le hacen decir?

«Rostro cerrado y labios cosidos, no tienen aquí la misma finalidad que en el bridge. Mas bien con esto el analista se adjudica la ayuda de lo que en ese juego se llama el muerto, pero es para hacer surgir al cuarto que va a ser aquí la pareja del analizado».

Fíjense que el analista no es el muerto, sino que se ayuda de esa función para… en este caso, «hacer surgir al cuarto». 

Ahora bien, hay dos formas de entender a este cuarto como pareja del analizado, como un otro (minúscula) al cual se identifica, por ejemplo,  Dora y el Señor K, o como un Otro (mayúscula) a quien le dirige su pregunta. Hay personas que optan por la segunda opción, pero si somos textuales a la cita, vemos que Lacan está hablando sobre las fantasías del analizado que le hace soportar al analista y prosigue advirtiendo sobre la metáfora del espejo. Ambas referencias al eje imaginario, y por lo tanto al pequeño otro.

Dicho de otra forma, el analista presta su yo solo para hacer surgir en el paciente la identificación imaginaria que mas adelante, luego, va a posibilitar la transferencia simbólica. 

El muerto en el bridge es quien muestra sus cartas durante el carteo, es el único que las deja visibles ante los demás. Por otro lado, él no decide cómo jugar las cartas, sino que lo hace su compañero por él, es decir, el analista. En este sentido, las cartas del muerto serian aquellas palabras que el analista recolecta del paciente y devuelve en forma de rectificación subjetiva (concepto que veremos mas adelante).

Lo que esta diciendo Lacan es que hay que hacerse el muerto pero solo para dar lugar a la estrategia para que aparezcan las identificaciones del sujeto, la pareja del analizado.

Hacerse el muerto, no es lo mismo que estar muerto, es decir, no participar del juego: semblante tal, en el que muchos analistas interpretan la neutralidad desconociendo la dimensión estratégica de la transferencia imaginaria. 

En el ejemplo entonces, los sentimientos, el yo del analista, irán al lugar del muerto en tanto si bien se abstiene de jugar, es parte, soporte de su compañero (el analista) y condición para que aparezca el cuarto.

«El analista es menos libre en su estrategia que en su táctica«, justamente porque la estrategia depende de todos los elementos en juego y como cada jugador va respondiendo a partir de la apuesta inicial. En el bridge como en el análisis, ni el paciente ni el analista son los «amos» del juego, sino, que lo que hace el analista es una apuesta, un movimiento de apertura, lo que en el Bridge se llama «declaración».

Lacan va mas allá y dice «el analista es menos libre en aquello que domina estrategia y táctica: a saber, su política, en la cual haría mejor en ubicarse por su carencia de ser que por su ser«. (ver concepto de falta)

Dicho de otra forma, el analista está sujeto a su ética, a su posición como analista desde donde hace su declaración inicial.

El concepto general de estrategia es siempre referida a metas a largo plazo, mientras que las tácticas son a corto plazo para alcanzar metas pequeñas pero dentro de la estrategia global: por ej., las intervenciones concretas del analista en cada sesión en post de la estrategia mas «global» en dirección a la cura.

A continuación una cita del Seminario 8 «La Transferencia» (Edición de Ricardo Rodrigues Ponte) sobre la metáfora del bridge: 

«La paradoja de la partida de bridge analítica, es esa abnegación que hace que, contrariamente a lo que sucede en una partida de bridge normal, el analista debe ayudar al sujeto a encontrar lo que hay en el juego de su partenaire. Y para llevar ese juego de quien pierde gana en el bridge, el analista, en principio, no debe tener que complicarse la vida con un partenaire. Es por esta razón que está dicho que el i(a) del analista debe comportarse como un muerto. Esto quiere decir que el analista debe siempre saber lo que hay en el reparto de las cartas.

 Pienso que ustedes apreciarán la relativa simplicidad de esta solución del problema. Esta es una explicación común, exotérica, para el exterior, es simplemente una manera de hablar de lo que todo el mundo cree, y alguien que cayera aquí por primera vez encontraría en ella todo tipo de razones de satisfacción, y podría volver a dormirse cerrando sus oídos, asegurado respecto de lo que siempre ha escuchado decir, y por ejemplo, que el analista es un ser superior.» 

Nota al pie: «En la posición de la partida de bridge, el S que está ahí  tiene en frente de él su propio pequeño otro, aquello en lo cual está con él mismo en esa relación especular en tanto que está, él, constituido como Yo».

En la misma linea del yo del analista como soporte, al inicio de la pagina 567, Lacan dice: «También paga con su persona, en cuanto que, diga lo que diga, la presta como soporte a los fenómenos singulares que el análisis ha descubierto en la transferencia».

Desde siempre, me pareció interesante ponderar y resaltar la importancia de la transferencia imaginaria o de todas aquellas intervenciones que si bien no tienen valor de interpretación, posibilitan y conforman una suerte de «trampolín imaginario» para que algo de la transferencia simbólica tenga lugar. 

Nadie sostiene un espacio terapéutico ni una relación transferencial, si del otro lado tenemos un analista que es pura abstinencia.

Hasta aquí, todo lo que hemos rescatado de las palabras de Lacan ha sido dentro del concepto global de transferencia imaginaria, en relación a los yoes con sus imagen especular, y es recién en el próximo parágrafo llamado  «¿Cual es el lugar de la interpretación?» en donde comenzará a trabajar la transferencia simbólica, es decir justamente la que le posibilita un lugar particular a la interpretación en el análisis, con todo aquello que ya hemos mencionado en otro lado, con el concepto de lugar y posición. 

Transferencia imaginaria o relación imaginaria (si uno quiere ser mas preciso, cada vez que hace referencia a uno de los registros, imaginario, simbólico o real, deberíamos decir «preponderantemente» imaginaria, ya que ninguno de los tres existe sin los otros. Topología del nudo borromeo):

Transferencia simbólica, el lugar de la interpretación:

Flogisto: La teoría del flogisto, sustancia hipotética que representa la inflamabilidad, es una teoría científica obsoleta según la cual toda sustancia susceptible de sufrir combustión contiene flogisto, y el proceso de combustión consiste básicamente en la pérdida de dicha sustancia.

La interpretación por mas que alimente lo imaginario y la agresividad en ella (muy visible en el fantasma obsesivo), hace de su » resultado beneficioso» (su agosto) de la técnica de aquel tiempo. 

Dicho de otra forma, la interpretación tiene estatuto de interpretación de forma retroactiva, en tanto podemos pesquisar sus efectos o cambios de posición en el sujeto.

Aquí Lacan articula la interpretación analítica posibilitada por la transferencia simbólica con la cadena significante y la lógica presencia-ausencia que ya trabajamos en otro escrito:

  • ¿Qué es ser una mujer? (Histeria)
  • ¿Qué es la muerte? (Neurosis obsesiva)

El señalamiento de la ficción como ficción posibilita justamente resignificar, ya que instala la capacidad polisémica del significante, su arbitrariedad, en contraste con el sentido coagulado que se repite e insiste en el sujeto. Ahora cobra sentido porque el analista no debe apuntar su estrategia al yo del paciente y a sus identificaciones, porque de esta forma estaría reforzando respuestas imaginarias en vez de señalar justamente la arbitrariedad del sentido construido, desde el propio ejercicio de la falta (la abstinencia).

La relación dual, imaginaria: el plano de la psicoeducación que Lacan critica.

Justamente por esto, es que la transferencia simbólica y la interpretación se sitúan en el eje simbólico del esquema L, es decir, en esa relación entre la falta del Sujeto y la falta del Otro, que como vimos en otro trabajo, están hecho de los mismo: de la nada y del todo, es decir lo real.

«Introducir al paciente a una primera ubicación de su posición en lo real«, aquí se nota la función estratégica del analista al que Lacan hacia referencia en el bridge y la función de la transferencia imaginaria y el soporte que brinda el yo del analista para dar lugar a la transferencia simbólica que va de la falta del Otro a la falta del Sujeto.

También notese el señalamiento de su critica eterna a los post freudianos y como ellos quedan «pegoteados» en el contenido sin captar la profundidad de la estructura: «lo que nos asombra como adoctrinamiento previo consiste simplemente en que procede exactamente en el orden inverso» (adoctrinamiento=psicoeducación=relación imaginaria de yo a yo).

La transferencia imaginaria, nuevamente, aparece como necesaria, pero solo debe ser «utilizada» para construir la vertiente simbólica de la misma, es decir, como estrategia en dirección a la cura. Por eso, como vimos al inicio, el analista es mas «preso» en su política que en su táctica (interpretación) y estrategia (transferencia).

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